Ver amanecer en Londres (o que la noche te engañe)

Es momento de sacar a la luz una historia de esas que al final se quedan en aventurilla para contar a los amigos. Ocurrió en Londres, la noche en que la ciudad acogía la final de la Champions League entre el Bayern de Münich y el Borussia de Dortmund, y para más inri, con una rubia de por medio…

Esa rubia era mi compañera de piso alemana. Vivía en Münich, aunque es seguidora del Borussia. Habíamos visto las semifinales juntos y haríamos lo mismo con la final, aunque eso si, con unos amigos suyos alemanes que venían desde Oxford, donde estaban visitando a alguien. El bar donde vimos el partido, of course, también estaba lleno de alemanes.

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Así que con el comienzo del partido y tras las presentaciones pertinentes empezamos a beber. Cervezas. Primero una, luego otra. Primero Foster, luego Guinness. Daba igual. No eran las primeras cervezas que tomábamos ese día, pues en mi bolsa aún tenía las latas sobrantes de las cervezas que nos habíamos comprado por la tarde en un supermercado. A medida que el partido transcurría las cervezas seguían cayendo. Brindamos por todo lo brindable, y no sólo con cerveza, pues alguien empezó a sacar chupitos de vozca para el personal. Y tras ellos, más cervezas…

Tras el final del partido un conjunto puso la música en directo, y con ese ambientillo seguimos a lo nuestro. Así hasta la hora de irnos, pues debíamos coger el último tren para volver a casa… pero no lo hicimos. La noche nos confundió y cuando miramos el reloj ya era tarde. Mi compañera de aventura decidió quedarse con sus amigos y yo, iluso de mí, correr a Liverpool Street a por mi tren. Desgraciadamente no estaba cerca de allí, lo que unido a las frecuencias reducidas de los metros a últimas horas hizo que me quedara tirado y no cogiera el tren, y no por poco precisamente. Ésta fue la primera sorpresa que depararía la noche, pero desde luego que no fue la última.

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La segunda no tardó en hacerse esperar. El metro que me había traído hasta Liverpool Street era el último, y en diez minutos, cerrarían la estación, por lo que los de seguridad ya empezaban a meterme prisa para sacarme a la calle. El siguiente paso fue llamar a mi flatmate para ver donde estaban. Seguían en el mismo sitio, aunque quedar, quedamos en Victoria Station. Tuve que preguntar y coger un bus para llegar hasta allí que tardó más de la cuenta. Era la primera vez que me montaba en un autobús en Londres, pues no en vano era la segunda o tercera vez que estaba en la ciudad. No conocía nada más allá que algo del centro por el día y por supuesto que, servidor no llevaba mapa consigo. Pese a todo (incluido mi bajo nivel de inglés por aquel entonces) me las apañé para llegar hasta Victoria, donde supuestamente nos encontraríamos para coger un autobús que nos llevase hasta Oxford. Y digo supuestamente porque no nos encontramos. Me consta que ambos estuvimos, pero vernos no nos vimos… el por qué sigue siendo un misterio…

Así que tras perdernos del todo no me quedaba otra que deambular por Londres a mi suerte para hacer tiempo o buscar un hostel barato donde dormir. Claramente mi  poco dinero y mi perspectiva basada en el consumo de alcohol hicieron que me decantase por la primera opción. Entonces entré en una espiral de andar por la ciudad sin rumbo fijo, sin saber donde me encontraba y de cruzarme con multitud de gente extraña que me miraba de manera rara y me pedían dinero.

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Con semejante panorama no tardó en llegar la escena de la noche. Resumo brevemente: hombre sin techo se me acerca como una cuba a pedirme dinero, y servidor, inocente que es uno, le dice que no tiene pero que en mi bolsa llevo cerveza y que se la doy. Pues bien, abro la bolsa y mi amigo ve la cámara de fotos. Ya no quiso las cervezas si no la cámara, y con una pequeña navaja intentó hacerme entrar en razón. No lo consiguió, pues mi primera reacción fue golpear su mano e intentar huir. Del golpe (y en buena parte gracias a su considerable tajada) su navaja se cae al suelo y mi lenta reacción resultó no serlo tanto en comparación con la suya. Salí del aprieto sano y salvo, y además con la lección bien aprendida: las cervezas de mi bolsa me las bebería yo. Con la decisión tomada, seguí mi camino intentando encontrarme.

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Y la verdad es que el intento dio sus frutos, pues al rato y tras volver varias veces por mis propios pasos di a lo lejos con el London Eye iluminado, y para allí que me fui. Esa zona si que al conocía bien, pues la había visitado ya de día. Aproveché entonces para fotografiar el centro de Londres sin turistas, algo que no es fácil de ver. Y la experiencia valió mucho la pena. Es asombrosa la sensación de tener una ciudad como Londres solo para tí; el Big Ben ahí esperándote, el Queen’s walk sin un alma por la calle, o la abadía de Westminster enterita para servidor. Todo pintaba de maravilla hasta que la vejiga decidió recordarme mis excesos con las cervezas. Tras buscar baños como un desesperado e inclso intentar pagarle a un hindú para que me dejara usar el baño de su establecimiento sin demasiado éxito, no tuve más remedio que arrinconarme en una esquina a los pies de la abadía. Y ya, cuando pensaba que no había marcha atrás, un policía vino y me hizo entender que por muy avanzado que tengas un plan, siempre cabe la posibilidad de abortar. Faltó poco, muy poco, pero tuve que salir de allí y llevarme mi problema conmigo. Al final y tras estar a punto de estallar varias veces, un arbolito en Queen’s walk hizo las veces de servicio. Es curioso como llega un momento en el que te da igual todo; multa, policias, que te vean… Lo primero es lo primero. Ahora lo pienso y me digo a mi mismo que lo mismo que hice en aquel árbol, pude hacerlo mucho antes, y que me hubiera ahorrado ratos de sufrimiento. Qué fácil es pensar ahora a posteriori…

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Una vez ya sin prisas y con el sol comenzando a salir, seguí mi ruta fotográfica por los monumentos a orillas del Támesis. Todos seguían siendo míos. La Tate, el puente del milenio, Sant Paul… Incluso encontré alguna escultura curiosa perdida por callejuelas de la mano de Dios…

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Finalmente llegué a Liverpool Street, donde al poco cogí un tren que me llevaría hasta Harlow, donde mi cama me esperaba. Lo difícil no fue la noche en Londres de la que pese a todo guardo un gran recuerdo por todo lo que me dio, sino explicarlo al día siguiente a la familia con la que vivía y más tarde al resto.

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De hecho mamá, tú que te enteras ahora, supongo que tras leer esto no habrá mucho más que decir. Mejor guardamos silencio al respecto , ¿no?.

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20 respuestas a Ver amanecer en Londres (o que la noche te engañe)

  1. Menuda aventura, Xipo!!!! No me extraña que sea una noche de la que no quieras recordar algunos momentos… pero la parte positiva es que, por unas horas, Londres fue sólo tuyo y las fotos lo atestiguan 😉

    Un abrazo xxl

  2. Vero4travel dijo:

    Muy buen artículo xipo, después de tanto tiempo conocemos la verdad, wow! no se si por el alcohol o por el amor a tu cámara pero fuiste muy valiente al golpear al »navajero», la verdad es que yo también he tenido la sensación de tener varias ciudades para mi, este verano sin irnos más lejos hice lo mismo con Budapest y Belgrado. Pero me gustaría caminar a altas horas de la noche por grandes capitales europeas y respirar esa tranquilidad.

    Saludos,
    Jesús
    Vero4travel

    • xipo dijo:

      De «valiente» a «inconsciente» a veces hay solo un paso… Fue la reacción que me salió en ese momento.. Quizás con menos alcohol (yo, o incluso él) todo hubiera sido distinto, quien sabe…
      Lo de Londres de noche solo para uno es una sensación extraña. Ni un alma por la calle ya es raro…

  3. Vaya tela con la noche :S menos mal que saliste bien de ello.
    Y lo bueno son las fotos que pudiste sacar 😉

  4. Babyboom dijo:

    Vaya, menuda nochecita te pegastes con atraco incluido!!! Por lo menos todo acabo bien y quedo en una anecdota!! Un abrazo!!! 🙂

  5. Menuda nochecita!! Pero al final solo se ha quedado en anecdota (por suerte jeje) y seguro mereció la pena ser el «amo» de London por una noche 🙂

  6. bueno queda todo en anecdota el tema de navajas, como puedo ser tu madre, se me puso los pelos de punta, un tajo tonto en un lugar vital es mortal, bueno cambiando fuertemente de tema para no ponerme pesada .. las fotos sin gente y de amanecida fenomenales

    • xipo dijo:

      Por suerte todo se quedó en un susto. A mi madre no le conté nada de lo sucedido hasta 24 horas antes de publicar esta entrada… Si no pasó nada no hay porque alarmar…jeje

  7. jajaja, menuda experiencia y menuda noche. Eso si, seguro que, pese a todo lo que pasó la disfrutaste. Por cierto, yo también tengo una experiencia parecida con las ganas de ir al servicio que algún día, cuando pierda la vergüenza, conseguiré contar. Por el momento para mi la guardo.

    Bonito relato.

    • xipo dijo:

      Lo del baño es algo digno de estudio. Aguantando lo inaguantable toda la noche para al final hacerlo igualmente. Podía haberlo hecho de primeras y pasar la noche más tranquilo con una preocupación menos…

  8. Helena dijo:

    Jajajaja… menuda aventurilla. Menos mal que lo de la cámara quedó en un susto, vaya tela! Eso sí, recorrer la ciudad sin turistas y ver amanecer tiene que su punto positivo.
    Un saludote 😉

    • xipo dijo:

      Pese al susto tengo un buen recuerdo de esa noche por todo. Las fotos y sobre todo por el saber que te puedes desenvolver fácil en condiciones adversas..jeje

  9. Londres dijo:

    La verdad es que Londres de noche es otra diferente a la Londres de día. Y hay que conocer ambas!!

  10. ¡Menuda experiencia! Y menudo susto con el momento «navaja», por suerte ha quedado en una anécdota. No hay mal que por bien no venga y pudiste disfrutar de Londres de noche con total tranquilidad.

    Saludos!

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