Ginebra, una ciudad histórica a orillas del lago Leman

Imagina una ciudad llena de vida, cosmopolita a más no poder; imagínala también rodeada de naturaleza, bañada por un gran lago y por si fuera poco, con un motón de monumentos que visitar. Sí, como no podía ser de otra forma, estamos hablando de Ginebra, la segunda ciudad de Suiza, un país que esconde mucho más que cantones, relojes, quesos y maestros chocolateros.

Llegar hasta Ginebra es muy fácil desde cualquier punto de Europa ya que se sitúa casi en la frontera con Francia por lo que cuenta con muchísimas conexiones con las capitales europeas y bastantes trenes diarios a ciudades como Lyon o Grenoble.

Pese a lo que se pueda pensar, la historia de Ginebra se remonta a la Edad de Bronce y posteriormente fue incorporada al Imperio Romano por Julio César. Durante la Edad Media fue pasando de mano en mano, pero en el siglo XVI adquirió gran relevancia llegando a ser conocida como “La Roma protestante” y que los movimientos reformistas como el calvinismo o el luteranismo tuvieron gran presencia en Suiza. No es de extrañar por lo tanto, que hoy el Muro de los Reformadores en la Promenade des Bastions, sea uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad.

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Otros acontecimientos históricos han hecho que Ginebra sea también conocida como “La ciudad de la paz” y es que en esta ciudad se fundó la Cruz Roja, se firmó la creación de la Sociedad de Naciones (el antecedente de la ONU) después de la Primera Guerra Mundial, y hoy alberga la capitalidad europea de la Organización de las Naciones Unidas.

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De hecho, hay todo un distrito en la  ciudad, en torno al Parque de Ariana, que alberga instituciones y monumentos tan emblemáticos como el Palacio de las Naciones, obra del famosísimo arquitecto Le Corbusier y en cuyo interior se encuentra la famosa cúpula pintada por Miquel Barceló; o la emblemática escultura Broken chair de más de 12 metros de altura y que simboliza la lucha contra las minas antipersona, o el Museo de la Cruz Roja Internacional que ilustra la labor humanitaria de esta institución fundada en Ginebra en 1863.

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Pero sin duda uno de los símbolos más emblemáticos de la ciudad es el Jet d’eau, un enorme chorro de agua al borde del lago Lemán que se eleva más de 140 metros y que lleva funcionando nada más y nada menos que desde 1891.

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Justo al lado se puede visitar todo un símbolo del arte de relojería suizo el famoso reloj floral. Situado en el Jardín inglés es uno de los lugares más fotografiados de la ciudad y, como no podía ser de otro modo estando en Suiza, el reloj funciona y está en hora.

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La parte más pintoresca de Ginebra se encuentra en la zona antigua de la ciudad. Callejeando por allí nos encontraremos con monumentos como la Torre Molard, la Iglesia de la Magdalena, desde la que hay una bonita panorámica de la ciudad, la Maison Tavel, el colegio Calvino o la Catedral de San Pedro, iglesia madre adoptada por Calvino donde se expone una silla de madera utilizada por él mismo y donde se puede visitar también la impresionante capilla de los Macabeos con grandes vidrieras de colores.

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De camino hacia la Place de Neuve y el palacio de la Ópera se encuentra el Ayuntamiento y un monumento cuanto menos curioso ya que en Ginebra se puede visitar el banco más largo del mundo que se encuentra justo encima del Muro de los Reformadores. Allí en la Promenade des Bastinos los ginebrinos se reúnen para jugar al ajedrez con piezas gigantes en tableros pintados en el suelo. Uno no puede resistir la tentación de quedarse un rato a ver una partida.

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Antes de dar por terminado el centro de Ginebra hay que acercarse a ver la impresionante Iglesia Ortodoxa que desgraciadamente estaba en obras cuando fuimos nosotros y si da tiempo recorrer el distrito de Eaux Vives, algo apartado del centro pero en cuyo parque hay preciosas casas que en su día pertenecieron a la nobleza.

Por supuesto Ginebra no acaba aquí pero este recorrido para una primera toma de contacto no está nada mal. Por cierto, si llegáis con tiempo a la estación de Cornavin no podéis dejar de visitar Les Grottes, popularmente conocidas como “Las casas de los Pitufos”. Fueron construidas en los 80 por una serie de arquitectos entusiasmados con la obra de Gaudí y son todo un elogio a la imaginación, colores y formas imposibles lo invaden todo desde las fachadas hasta el interior de los patios de los edificios. Aunque parece que están algo escondidas no tienen pérdida, un pasaje lleva a ellas a la altura del número 40 de rue de la Servette.

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Ginebra es uno de los destinos imprescindibles en Europa por méritos propios, aunque eso sí, previo ahorro ya que los precios en general en Suiza son bastante caros. Aprovechando el viaje, no podemos dejar de visitar otras ciudades suizas, más pequeñas y llenas de encanto. Algunas de ellas están a orillas del lago Leman, como la propia Ginebra, como por ejemplo Nyon o Laussana, dos ciudades llenas de encanto que también vale la pena conocer.

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2 respuestas a Ginebra, una ciudad histórica a orillas del lago Leman

  1. Mari Carmen dijo:

    Este invierno estuve a punto de ir. Tenía el vuelo comprado, que por cierto fue baratísimo… Pero todo lo demás era carísimo! Así que habrá que ahorrar para cuando pueda finalmente ir! Es la primera vez que oigo hablar de las casas de los pitufos!! Cuando organicé el viaje frustrado no leí nada antes al respecto!! Curioso!

    • xipo dijo:

      El barrio de las casas es muy curioso de ver. Eso si, todavía no es demasiado conocido! Se lo que te pasó, algo me comentó Helena. Bueno, ya llegará el día en que te saques la espinita. Saludos!

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