Los molinos de Mota del Cuervo

Mota del Cuervo tiene un nombre tan rimbombante como quijotesco. Quizás por ello no había mejor escenario para la localización de los famosos molinos de tan dantesco hidalgo.

Esta claro que no son los únicos molinos con los que supuestamente luchaba Don Quijote, pero sin duda, si son algunos con los que este caballero se enfrentaba.

Todo ello, unido a la cercanía al castillo de Belmonte, otro de los imprescindibles de la provincia de Cuenca, ha hecho de los molinos de Mota del Cuervo uno de los lugares emblemáticos de la provincia de Cuenca.

Los molinos de Mota del Cuervo

Los molinos de Mota del Cuervo se encuentran en la parte alta del pueblo, regalando a todos los que los visitan, unas bonitas vistas de la llanura castellano-manchega, algo que desde 1967 se conoce como el Balcón de la Mancha.

Aunque son siete los molinos de Mota del Cuervo, lo cierto es que son tres los molinos que se pueden visitar. En uno de ellos, el llamado «El Gigante» es donde está ubicada la oficina de turismo. Constan de tres plantas y en la parte superior se encuentran los ventanillos, el lugar por donde entraba el aire y que provocaba que las aspas giraran lo que provocaba que molieran el trigo.

Otro de los molinos de Mota del Cuervo es «El Piqueras» inaugurado en 1962 y el primero de los molinos que se reconstruyó, y en cuyo interior podemos visitar un pequeño museo.

Varios de estos molinos se dedicaron a distintos países de Europa. El actualmente llamado «El Gigante», fue bautizado en su día con el nombre de «Francia», o el conocido como «El Goethe», debe su nombre en honor de Alemania. Y Austria tiene otro molino en su honor. Como curiosidad, sabed que hay algún país no europeo con un molino en su honor. Es el caso del molino conocido como «El Irak».

Los molinos fueron reconstruidos y arreglados en la década de los 60 y son de propiedad municipal. Todos salvo uno, el llamado «El Zurdo», cuya curiosidad es que muele hacia la izquierda, algo muy raro en la época, y quien fue comprado por Ramón Serrano Súñer en 1941.

Entre molinos, y como no podía ser de otra manera encontraréis también esculturas en honor al Quijote. Don Quijote y Dulcinea están representados en metal, al igual que Sancho Panza, escudero y gobernador de la Ínsula Barataria en la novela de Cervantes.

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