Qué ver y qué hacer en Milos

Pese a ser una de las islas menos frecuentadas del Egeo, la isla de Milos es, con diferencia, una de las que más nos gustó en nuestro viaje por las islas griegas. Milos, fue una de las primeras Islas Cícladas en ser habitada, cuenta con una notable riqueza mineral, y con antiguas canteras de extracción de azufre. Todavía hoy es una isla algo salvaje ya que hay partes en las que las carreteras son meras pistas de tierra y no se aseguran los vehículos en muchas de esas zonas.

Sencilla, pausada, con playas que cortan la respiración (algunas de ellas solo accesibles por mar), ciudades con encanto, siglos de historia y pueblecitos de pescadores en los que solo apetece olvidarse de todo. Así es la isla y en este post os hacemos un recorrido por todo lo que hay que ver y qué hacer en Milos.

Adamas

Se trata de la ciudad portuaria de Milos. Allí convergen los ferris y barcos que paran en la isla, por lo que resulta un lugar de visita obligada en Milos. En sí, la ciudad no tiene muchas cosas que ver, un par de iglesias y algunas calles con encanto, pero es un buen sitio para alojarse y, desde allí, ir visitando todos los rincones de la isla.

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En Adamas encontrarás algunos restaurantes y un buen número de negocios para poder alquilar motos y coches. Nosotros decidimos alquilar un quad ya que resulta una de las formas más cómodas y baratas de recorrer la isla de Milos con total libertad.

Adamas cuenta también con un par de playas; la de Lagada, a unos 500 metros hacia la derecha del pueblo y hacia el otro lado, Papikinos. Desde Adamas se pueden visitar a pie algunas de las ciudades cercanas. Nosotros en concreto, realizamos un paseo a pie para visitar Tripiti, Plaka y Klima, tres de los núcleos que ver en Milos.

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Tripiti

Este es uno de los pueblos tradicionales que se pueden ver en Milos. No tiene la belleza paisajística de otros lugares de la isla pero cuenta con buenas tabernas griegas donde probar los platos típicos de su gastronomía. La iglesia de San Nikolaos domina el centro del pueblo, junto con algunos de los tradicionales molinos de viento que han sobrevivido al paso del tiempo.

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A muy poca distancia se encuentran las catacumbas de Milos, que datan de entre los siglos I y V de nuestra era. Este era el lugar de enterramiento de los primeros cristianos y se estima que hay unas 2000 tumbas.

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Las catacumbas solo son accesibles mediante visita guiada, de martes a domingo de 9:00 a 18:45, con una duración de una media hora y el precio es de 4€, aunque los estudiantes de la Unión Europa están exentos de pagar entrada.

Muy cerca de las catacumbas se conservan algunas de las ruinas de la antigua ciudad de Klima. La más destacable de todas ellas es el teatro, construido en el periodo helenístico, en torno al siglo III a.C. Como era habitual en estas construcciones, la acústica estaba perfectamente estudiada y todavía hoy, después de la restauración que finalizó en 2016, realizan conciertos.

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En los alrededores del teatro está todavía señalizado el lugar en el que un campesino encontró en 1820 la famosísima escultura de la Venus de Milo. Este la vendió en primer lugar a un clérigo ortodoxo quien, por la situación política de Grecia en aquel momento (estaba en plena Guerra de Independencia del Imperio Otomano), contactó con un oficial francés que fue quien arrolló la compra. Hoy, la escultura es una de las obras de arte más reconocidas del Museo del Louvre de París.

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Klima

Con este nombre no nos referimos a la antigua ciudad helenística, sino a un encantador pueblecito situado acantilado abajo. A él se puede acceder con coche o, como hicimos nosotros, por un empinado sendero que desciende montaña abajo hasta el mar.

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Rincones como este son los que hacen de una visita a la isla de Milos algo especial. El pueblecito de Klima está compuesto por casa de colores a las que el mar llega prácticamente hasta la puerta. Eso, unido a la luz del verano en el mar Egeo y a la poca presencia de turistas, hace que te entren unas ganas locas de quedarte a vivir ahí, donde los únicos comercios son dos tiendas de artesanía y un restaurante.

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La vista a Klima es, sin duda, todo un regalo para los sentidos y una de las cosas que sí o sí hay que ver y que hacer en Milos.

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Plaka

Plaka es la capital de la isla de Milos. Construida en una colina, a 200 metros sobre el nivel del mar, es uno de los principales lugares que ver en Milos.

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En su barrio más alto (kastro) cuenta con un imponente castillo veneciano que data del siglo XIII y desde el que cual se puede disfrutar de una de las puestas de sol más idílicas de la isla.

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No hay que dejar pasar la oportunidad de perderse por sus calles en el ascenso hacia el castillo y disfrutar con el contraste de colores que regalan sus calles, los gastos, las tiendecitas de artesanía; del placer de sentarse a tomar algo en uno de sus callejones o , simplemente, dejarse llevar por sus pintorescos rincones.

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Playas de Milos

Sin ninguna duda, las playas son uno de los grandes atractivos de la isla y una de las mejores cosas que hacer en Milos, sobre todo si visitas la isla en los meses de verano.

En Milos hay playas para todos los gustos así que lo mejor es alquilar un coche o una moto para recorrer unas cuantas. Pero si hay una playa que ver en Milos esa es la de Sarakiniko, que, con su paisaje lunar es todo un espectáculo de la naturaleza.

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La playa de Firopotamos es muy tranquila y el pueblecito de pescadores, al estilo de Klima, es uno de los rincones de la isla que no te puedes perder.

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La playa de Plathiena fue otra de nuestras favoritas, esas que con su fina arena, rodeada de acantilados y con aguas cristalinas invita irremediablemente a darse un baño.

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Al este de la isla, en el pueblecito de Polonia, hay varias playas familiares y de aguas tranquilas. Este sitio es un buen lugar también para comer pescado del día en alguno de sus restaurantes con vistas al mar.

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Los que busquen playas con chiringuitos deben irse al sur de la isla a playas como la de Provatos o Paliochori, aunque están algo más masificadas. Por último, hay algunas playas como las de Papafragas o Tsigrado cuyo acceso es bastante complicado ya que hay que descender empinados acantilados.

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Además, y si dispones de más tiempo en la isla, puedes contratar una excursión en barco para visitar las playas de la parte más occidental de la isla, una zona en la que no es posible acceder por carretera ya que solo hay pistas de tierra sin señalizar y solo se permite en acceso en barco. Con todo esto podéis ver que la isla de Milos es casi casi el paraíso, una auténtica joya no muy turística todavía y con muchas cosas y opciones que ver y que hacer en Milos.

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