Haya lo que haya, allá vamos, LA HAYA

La Haya es una de las ciudades más importantes de Holanda, y sin lugar a dudas, la capital administrativa del país. Está situada a tán sólo 40 kilometros de la capital, y es aquí donde se encuentran las instituciones y organismos gubernamentales más importantes del país.

Llegamos a La Haya en tren, dando un pequeño paseo desde la ciudad donde nos encontrábamos durmiendo, Rotterdam, de apenas 15 minutos. La ciudad nos acogió despertándose todavía, con una pequeña niebla que poco a poco fue disipándose a medida que entraba la mañana. Eran las 10, y estábamos en el centro de La Haya, con una ciudad entera por descubrir, así que tras preguntar un poco y encontrar la oficina de turismo para coger nuestro mapa y que nos señalaran lo más característico nos pusimos en marcha.

El primer lugar que vimos fue el Binnenhof, o lo que es lo mismo, el ministerio de asuntos generales, las cámaras alta y baja de organismos oficiales. Están situados formando una plaza interior llena de encanto y muy famosa, típica postal de tienda de recuerdos de La Haya.

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Desde 1904, y todos los años, el tercer martes del mes de septiembre, es la reina la encargada de leer el tradicional discurso de apertura del curso político.

Acto seguido, y saliendo por una puerta trasera de la plaza del Binnenhof, casi sin quererlo, aunque sabíamos de su existencia y era una de las visitas obligadas de la ciudad, sobretodo si tu compañera de viaje es historiadora del arte, el Mauritshuis, museo que tiene en su interior la famosa obra «La joven de la perla», y por el que sólo por entrar ya te cobran 10.50 euros, y eso que el museo es pequeñito…

No soy muy amante de los cuadros, y de toda la exposición reconocía sólamente tres cuadros. Por supuesto las fotos estaban prohibidísimas, así que me fue imposible fotografiar a la joven de la perla. Aunque sí logré sacar una foto del cuadro «Lección de anatomía del Doctor Tulp», uno de los pocos cuadros que me sonaban de una vez que decidí estudiar un curso de Arte e Historia, y dónde estudié este cuadro.

Así que después de burlar a la seguridad, y a los grupos de visitas guiadas, y pese a estar prohibido, aquí va mi foto del cuadro, la prueba del delito…

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«La joven de la perla» era sencillamente imposible. !Qué cantidad de seguridad para un cuadro pequeñito!

A la salida del museo, y tras callejear por el centro de la ciudad, llegamos a una de las calles principales de la ciudad, la calle Noord, llena de tiendas y donde se encuentra el Palacio real, llamado Palacio Noordeinte.

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Justo delante del palacio, nos encontramos con la estatua de Guillermo el Taciturno. El palacio no está abierto al público, aunque sí que están abiertos los jardines, situados justo detrás del palacio, formando un parque, lleno de estatuas, y con un lago en su interior.

Siguiendo la calle hasta el final, y cruzando el canal, volvemos a preguntar, con la intención de encontrar el famoso Tribunal de la Haya, tantas veces escuchado en las noticias.

Tras una pequeña conversación con un hombre bastante amable, recibimos las indicaciones necesarias para encontrarlo. Sólo sabíamos que estaba hacia la izquierda y que es un edificio que se deja ver. Y efectivamente, el edificio se deja ver. Es como un castillo, con jardines, vallado, y con gente haciéndose fotos en la puerta. No hay duda, lo hemos encontrado

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Una vez visto, y una vez hechas las fotografías de rigor, y justo cuando nos íbamos algo nos llama la atención. Una pequeña columna llena de piedras y con fuego en su interior. Decidimos acercarnos y descubrimos la «World Peace Flame«, o lo que es lo  mismo. la llama de la paz.

La llama de la paz nació en 1999. Se cogieron llamas de los cinco continentes que se unieron en una llama única. Estas llamas están repartidas por distintos ciudades del mundo. Berlín, La Haya, Memphis y Sydney disfrutan de la llama, así como algunas ciudades más.

 

Esta pequeña columna está rodeada por multitud de piedras, donadas por todos los países del mundo. Cada país aporta una piedra, y juntas forman la decoración de alrededor. La piedra de España, es la número 43 si no recuerdo mal, y está situada entre las piedras de Sri Lanka y Sudáfrica.

Este ha sido un resumen de lo que un día puede dar en la Haya, pero la ciudad tiene muchas más cosas que valen la pena, como otros museos, las callejuelas del centro llenas de cafeterías y tiendas, centros comerciales, etc.

Nosotros acabamos el día comiendo por allí, y como el día salió más o menos bueno, aprovechamos que aún había alguna terraza para tomar un buen café. Después de esto, volvimos a la estación central de trenes, y decidimos cogernos un tren para Rotterdam, y así poder descansar un poco.

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