Grenoble, la puerta a los Alpes

Situada en el este de Francia, Grenoble es una de las principales ciudades de la región de Rhône-Alpes y se encuentra en el corazón de tres impresionantes cordilleras alpinas: Belledone, Chartreuse y Vercors. Ya a lo largo de la historia, su favorable localización, protegida por los Alpes y a orillas del río Isère hicieron de Grenoble un emplazamiento muy atractivo ya para los antiguos romanos que llegaron a la Galia hace ya más de 2.000 años. Y es que la antigua Cularo se fundó en el siglo I a.C., aunque los restos de las murallas que se pueden ver hoy en día en algunos puntos de la ciudad corresponden a la antigua Gratianópolis que toma su nombre, en el siglo III del emperador Graciano.

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Sin embargo, es en época medieval cuando la ciudad comienza a desarrollarse. De esta época además de del trazado de algunas calles, se conserva la Iglesia de Saint André, con su campanario del siglo XIV o la Catedral de Notre Dame, que data del siglo XIII.

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Hoy en día, Grenoble es también uno de los centros universitarios más importantes de Francia, elegido por más de 61.000 alumnos, muchos de ellos provenientes de otros países, lo que dota a la ciudad de un ambiente joven y multicultural envidiable, y eso se nota sobre todo en las terrazas de sus plazas.

La plaza de Saint André, también conocida como « Place du Trib » alberga el Tribunal de Justicia y es uno de los puntos más animados de la ciudad. Además, en esta plaza se encuentra también La Table Ronde, el primer restaurante de Grenoble y uno de  los más antiguos de Francia, que abrió nada menos que en 1739.

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Ya que hablamos de plazas,  la Plaza Víctor Hugo, todo un ejemplo de arquitectura y urbanismo haussmanianos del siglo XIX, y el Jardin de Ville, junto al Hôtel Lesdiguières, uno de los palacetes con más encanto de la ciudad. Esta placita está normalmente muy animada y es un lugar ideal para hacer picnic y disfrutar de los días soleados. La plaza de la catedral, también es otra de las más concurridas.

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Pero la verdadera atracción de Grenoble se encuentra justo al lado del Jardin de Ville. Y por supuesto que nos estamos refiriendo al teleférico que sube al fuerte de la Bastilla. Construido en 1934, fue en su día uno de los primeros teleféricos urbanos en el mundo. Además sus ya características cabinas en forma de bola se han convertido en todo un símbolo de la ciudad. El precio del teleférico es de 8€ pero hay abonos anuales y descuentos, sobre todo destinados a los habitantes de la ciudad.  Llama la atención que los perros también han de pagar billete, aunque de mucho menos importe. Aunque también es posible llegas hasta el fuerte de la Bastilla a pie desde la otra orilla del río Isère, es mucho más cómodo utilizar este transporte y disfrutar, además, de las increíbles vistas.

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El fuerte de la Bastilla fue construido en 1591 por el Duque Lesdiguières y fue de nuevo reconstruido entre 1823 y 1848 para proteger la ciudad de un posible ataque del ducado de Saboya. Hoy, además de poder recorrer los puestos de vigilancia a lo largo de la montaña, se puede visitar en lo alto el Museo de las Tropas de Montaña, un centro de arte contemporáneo y la Terrasse des Géologues, un mirador con unas vistas increíbles de la ciudad y las montañas que la rodean.

Además, para los más aventureros la zona de la Bastilla es ideal para practicar todo tipo de deportes de montaña desde senderismo hasta escalada, ya que en los jardines de la Bastilla hay una vía ferrata bastante exigente pero también apta para novatos.

Otra de las visitas imprescindibles de Grenoble, es la de acercarse hasta el parque Paul Mistral, donde se ubican algunos de los edificios más destacados de las olimpiadas de invierno de 1968 como el pebetero olímpico, el Sports Arena o el Estadio de los Alpes.

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Además de todo esto, Grenoble tiene interesantes museos como el Museo de Bellas Artes con obras de artistas de la talla de Rubens, Matisse o Picasso, el Museo del delfinado, un centro de etnografía que recoge las tradiciones y el modo de vida de esta zona, el Museo Stendhal, dedicado al famoso autor de Rojo y negro, que vivió su infancia en Grenoble o el Museo de la Resistencia, imprescindible para los amantes de la historia ya que analiza el importante papel de esta ciudad en el movimiento de resistencia francesa durante la ocupación en la Segunda Guerra Mundial.

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A todo esto hay que añadir que la ciudad es la puerta de entrada a algunas de las mejores pistas de esquí de Francia y que tiene muy cerca ciudades llenas de encanto como Lyon, Chambéry o Annecy, lo que hace de Grenoble un destino realmente interesante en el que historia, cultura, naturaleza y deportes de invierno se dan la mano.

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